Los cambios que acelerará el Coronavirus (I)

Los cambios que acabará acelerando la crisis del Coronavirus.

Aunque aún es pronto para saberlo con certeza, la crisis sanitaria provocada por el Coronavirus acelerará cambios que ya se anticipaban en los últimos años, pero que muchos no contemplaban hasta la próxima década.

Se trata de transformaciones de gran calado en hábitos arraigados en nuestra vida. Cambios que trastocarán nuestra manera de viajar, de trabajar, de relacionarnos o de cuidar de nosotros mismos.

Algunos de estos cambios podrían ir en estas direcciones.

Protocolos sanitarios más estrictos en los viajes

Los primeros casos de coronavirus surgieron en la ciudad china de Wuhan, ubicada en la provincia interior de Hubei. En pocas semanas la epidemia se extendió a todo el país hasta que finalmente el régimen de Pekín reveló al mundo la existencia de un problema sanitario de primer orden en el país. El anuncio fue el 31 de diciembre y a pesar de las medidas de control, primero, y de confinamiento, después, el virus acabó llegando a otros países asiáticos. Hasta que finalmente recaló en Europa a finales de enero.

La extensión del virus no habría sido posible sin la coincidencia de dos circunstancias. En primer lugar, los más que dudosos controles higiénicos a los que se someten los productos alimenticios en algunas provincias chinas. En ellas es habitual comprar animales exóticos sin las más mínimas garantías sanitarias. Otro punto crítico son los igual de tenues controles a los millones de pasajeros que recorren los aeropuertos de todo el mundo.

Los atentandos del 11 de septiembre en Nueva York provocaron la generalización en todo el mundo de unos controles exhaustivos de los pasajeros para evitar cualquier acción terrorista que amenazase un medio de transporte vital. De igual forma, la crisis del coronavirus acabará provocando la implantación de novedosos protocolos de inspección sanitaria en los aeropuertos. Controles de temperatura a través de escáneres o cámaras térmicas; tests in situ de detección de enfermedades infecciosas antes de entrar en las zonas de embarque o generalización del uso de mascarillas en cabina.

 

Geolocalizados y con pasaporte sanitario

Algunos expertos apuntan incluso a que las autoridades podrían exigir a sus conciudadanos que hayan sufrido brotes infecciosos a estar geolocalizados. Aunque si para lograrlo haya que limitar su libertad de movimiento. Nuevas enfermedades de rápida transmisión llevarían a los estados a declarar confinamientos puntuales de la población. Y así evitar masivos contagios como el ocurrido con el Covid-19.

Podría llegar a generalizarse la exigencia de disponer de un pasaporte sanitario que reflejase nuestra trazabilidad. Con él nos veríamos abocados a revelar de dónde procedemos, qué enfermedades hemos superado, cuáles arrastramos y qué vacunas nos han inyectado. Los derechos individuales que disfrutamos en occidente desde hace décadas quedarían seriamente cuestionados.

Dibujos de hombres con mascarilla.

Controles extrictos sobre la trazabilidad de los animales destinados al consumo

De confirmarse la teoría de que el origen del Covid-19 se encuentra en la transmisión debido al consumo humano de carne de murciélago o de otro animal exótico sin ningún tipo de supervisión sanitaria, la OMS podría presionar a los estados miembros para que reforzasen los controles higiénicos en la cadena alimentaria.

Es muy probable que haya resistencias ante estas medidas desde algunos países. Especialmente China, que presume de unas costumbres culinarias ancestrales de dudoso encaje en los estándares sanitarios occidentales. En el país asiático la trazabilidad de los animales que se venden al público en muchos de sus mercados deja mucho que desear. Un gran número de países acabarán tomando acciones unilaterales endurecimiento las inspecciones a los productos procedentes del gigante asiático y sus nacionales. El objetivo estaría claro: evitar la propagación de nuevos virus similares al SARS de 2002 o al Covid-19.

En el imaginario colectivo ha calado hondo la idea de que el virus se propagó por la falta de medidas higiénico-sanitarias en los mercados chinos. Una circunstancia que debería obligar al régimen de Pekín a ser más estricto con estos controles. De no serlo, correrá el riesgo de que buena parte de sus productos sean puestos en cuarentena por los consumidores occidentales. Sobre todo si se tiene en cuenta de la facilidad de transmisión del Coronavirus. Un patógeno capaz de sobrevivir 72 horas en un contenedor de transporte o en un avión de carga.

¿Fin al modelo actual de transporte?

Otro tipo de cambios que acelerará el coronavirus son los relacionados con las medidas de higiene que podrían implantarse en los medios de transporte. Lo que perseguirán es evitar la propagación acelerada y masiva de enfermedades infecciosas, lo que tendría consecuencias en el modelo mismo del transporte aéreo de viajeros. Este es el caso de la ampliación del espacio entre asientos para garantizar un perímetro de seguridad sanitario.

Estos nuevos protocolos se encontrarían con la oposición de las compañías aéreas. Las aerolíneas verían tambalearse su modelo de negocio al verse abocadas a aumentar el precio de los pasajes para hacer viable el negocio. Lo que pondría punto y final al modelo low cost. ¿Quién estaría dispuesto a asumir las importantes implicaciones económicas que tendrían estas decisiones?

¿Es viable mantener un modelo como el actual si pretendemos incrementar los estándares de seguridad higiénico-sanitarias? ¿Es saludable un modelo low cost a cualquier precio? ¿Son sostenibles las ayudas estatales a las compañías aéreas?

Parque infantil cerrado en Florida.

 

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